Más allá de la fotografía de Mercedes Fittipaldi

Más allá de la línea del mar está lo infinito, tan cierto como que más allá de la fotografía de Mercedes Fittipaldi está la emoción. Yo lo he visto, he estado allí. He estado en la primera exposición de su obra “Principio Infinito” (2009) en el Instituto de Cultura Alicantino Juan Gil-Albert, (re-creación de la “La Piedad” de Miguel Ángel), y ahora estoy aquí cinco años después, en el Museo de Bellas Artes de Murcia, en el MUBAM, admirando la exposición de parte de su serie “Diálogos con el Arte”. Un trabajo resultante del estudio de pinturas ya consagradas en la historia del arte y de la investigación sobre los procesos y técnicas de los grandes maestros que las crearon como Caravaggio, Vermeer, Alberto Durero o Juan de Ribera. Un trabajo que no pretende copiar ni versionear a los originales, sino invitar a volver a mirar una obra de arte desde las perspectivas de la técnica fotográfica y del paso del tiempo.

Murcia es una  ciudad  no sólo hermosa, sino dotada de una original personalidad tanto en lo humano como en lo artístico. Una ciudad que parece hecha a la medida de Mercedes, de gran vitalidad, en cuyo ámbito conviven lo moderno y lo antiguo, algo que podemos experimentar en las salas de su importante Museo de Bellas Artes donde se exponen, además de importantes colecciones renacentistas y barrocas, pinturas de Zurbarán, Ribera, Murillo, Valdés Leal,  Madrazo, Muñoz Degrain, Sorolla,  y ahora también las fotografías de Mercedes Fittipaldi. Decía el gran Salvador Dalí que la pintura es una fotografía echa a mano, y las de la serie “Diálogos con el Arte” están dotadas de esa categoría plástica que las hace dignas de compartir sala con  los grandes maestros que son fuentes de inspiración constante para ella.

A Mercedes casi la he visto nacer como fotógrafa, crecer y evolucionar como artista. Una artista de las que comienzan su andadura con un cierto pudor a reconocer que lo son. Humildes, tímidas, sensibles, secretas, y fuertes. De las que cuando dejan volar el alma la morfología de la palabra se torna sentimiento, y entonces,  el arte adopta la forma de ellas mismas. Una mujer de pocas palabras que tiene mucho que decir, tanto que irremediablemente fotografía.

Recuerdo a Mercedes en plena sesión fotográfica en la sala central del Museo de Arte Contemporáneo de Alicante MACA (Serie “Bailarina en rojo”, 2012). Su modelo bailaba al son de la música recorriendo la sala, y ella la seguía  como sumida en una danza de embrujo. Cuando la música se detuvo y Mercedes miró el visor de su cámara rompió a llorar. Lloraba de felicidad y de emoción.  Lloró porque se vio y sintió artista. Sentir el arte es experimentar ese momento sublime en el que el intelecto deja paso al corazón para abstraerse del objeto e instalarse en el concepto de  la belleza como puente entre el mundo terrenal  y el mundo de lo intangible, el enigmático mundo del alma. Tomé fe de aquel momento con mi cámara, pero aquella imagen quedó impresa para siempre en mi consciencia. El arte es así, sentimiento individual y colectivo.

Mercedes se define como una fotógrafa nostálgica, soñadora y libre. Una admiradora de los renacentistas, apasionada de los grandes maestros del claroscuro y de la pintura del manierismo. Ha logrado profundizar tanto en este campo que ha sabido entender el  dramático encuentro entre la luz y la sombra, la languidez de las miradas, la fuerza de los gestos, la poesía del contenido, y trasladar todo ello al objetivo de su cámara-pincel.  Según ella no hay nada inventado. Re-crear obras de arte ya consagradas lo han hecho y harán otros, pero lo cierto es que su fotografía, en este registro,  tiene un sello inconfundible, una firma propia. Y le auguro que será por mucho tiempo y por muchas obras más. Y yo que lo vea.

Texto: Susana Ivars.

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